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Ya disponible para leer la SÉPTIMA ENTREGA del relato on-line, y gratuito, Capitán Eclipse y Reed en El Enigma de Antara, lee esta entrega y al terminar escoge una opción para ganar futuros premios. Dímelo por Facebook, Instagram, en cualquiera de las fotos dedicadas al este relato, o en este contacto. Si no has leído los anteriores, lo puedes hacer y unirte a la aventura en cualquier momento.
Esta historia transcurre justo después de Rescate en La Periferia, pero se puede leer independientemente, ya seas nuev@ lector o veteran@...
¡Y viene acompañado de varias fichas de contenidos al final!

Bienvenid@ a bordo y buena proa!
Iván.

Capitán Eclipse y Reed, en El enigma de Antara.

Capítulo 7
. Nobleza obliga.

La Isla, en La Periferia. Año 1512 de la Paz de los Mensajeros.

Goshi dejó de mirar hacia la nave y miró a Tarina, que parecía asustada. La chica había sufrido en el pasado, y según el parecer de la mecánica este hecho había derivado en cierto nivel de locura, tolerable casi siempre, pero que a veces se desataba y asustaba. Creencias aparte, el uso de sustancias como el polvo azul no ayudaba, sino todo lo contrario, y quizás si Goshi no le hubiese seguido el juego en primer lugar, o hubiese tratado de evitarlo, Tarina no habría llegado a aquel nivel de delirio.
- Creo que necesitas descansar, esta…experiencia te ha dejado afectada y exhausta – sugirió con un tono suave mientras le ponía una mano en el hombro con delicadeza.
Tarina miró la mano en su hombro y luego a Goshi. Su mirada era confusa y algo desconectada de la realidad, como si su interlocutora le hablase desde una gran distancia.
- Ya has tenido tu… revelación, lo mejor es que descanses – continuó Goshi en tono conciliador.
- Seguramente Druso regrese mañana y así podremos hablar de esto con mayor tranquilidad ¿te parece bien?– Tarina asintió, sonrió levemente, y, aún absorbida por su estado de confusión, comenzó a caminar hacia las escaleras que descendían en dirección a las habitaciones, con el paso arrastrado.

Goshi la observó alejarse y respiró aliviada: con mano izquierda había conseguido controlarla, así que tomó nota mental para quizás resolver así conflictos futuros. Tardó unos segundos en volver a ordenar sus pensamientos y volvió a examinar la nave; la rodeó y, tras unos minutos de reflexión, se dirigió a un almacén de piezas cercano. Tras apartar algunas cajas y levantar lonetas, dejó al descubierto lo que buscaba: un par de módulos de refrigeración huecos que serían ideales para ocultar unos cañones plegables a los laterales de la Astronave. La clave de una buena modificación de aquel calibre era que pasase desapercibida a primera vista: no era ni seguro ni recomendable volar con las herejías1 a la vista por los mundos de la frontera. Disponiendo de más tiempo hubiese integrado los cañones ocultándolos bajo el casco, con una portilla camuflada que se abriese al activarlos o algún truco similar, pero la urgencia obligaba a colocarlos en el exterior y ocultarlos bajo piezas de aspecto inofensivo y que no desentonasen demasiado con el resto de la nave. Aún quedaban muchas horas hasta el amanecer, así que, con la ayuda del andamio hidráulico, podría situar y fijar las armas a babor y a estribor, y cubrirlas con los módulos huecos, dejando la parte más comprometedora del trabajo lista antes de que la ciudad despertase y alguien la viera a plena luz y denunciar. El resto de cuestiones técnicas podría hacerse a la luz del día sin llamar demasiado la atención, como si se tratase de una simple reparación.

Miró una última vez hacia las naves suspendidas sobre su cabeza, esperando que la oscuridad de la noche la ayudase a no llamar su atención, y, cargando una de las pesadas piezas sobre un carrito con ruedas, se puso manos a la obra.



El graznido de un ave planeando a varios metros sobre él lo sacó del sueño. Reed escuchó el sonido de las olas alrededor y los crujidos de la madera bajo su espalda. Abrió los ojos aturdido y una espesa niebla amarillenta, a través de la cual se filtraban los fuertes tonos anaranjados del atardecer, llenó su campo de visión. El bote se balanceaba con suavidad, la tormenta había pasado. Trató de incorporarse y al hacerlo notó un dolor en el hombro, y al examinarse comprobó que tenía varios cortes en los brazos, pecho y otras partes del cuerpo. Había perdido el chaleco y el pantalón de piel elástica estaba rajado por varias partes, dejando ver las heridas sobre la piel blanca. Le vinieron a la memoria los trozos de hielo golpeándole bajo el agua, los terribles tarns abalanzándose sobre él y…

- ¡El artefacto!- exclamó sobresaltado y mirando alrededor. La voz le salió muy ronca al llevar seguramente muchas horas sin hablar. Notó unos pasos ligeros sobre la cubierta y acto seguido recibió una palmada en la cabeza que le hizo inclinarse hacia adelante. A su lado, una malhumorada Dipla le regañaba en su ininteligible dialecto con la mano levantada. Para ser tan menuda golpeaba muy fuerte, pensó él para sus adentros. Desde la proa, a su espalda, le llegó la voz de Druso.
- Dice que la próxima vez que vuelvas a hacer una temeridad así no volverá a sacarte de las profundidades y dejará que los tarns te devoren. Al universo le sobran idiotas.

Reed asintió mirando hacia la chica de piel azul, a modo de disculpa. Ella mudó la expresión de la ira al júbilo y, señalando en dirección a popa frente a ellos, mostró su sonrisa llena de diminutos dientes puntiagudos. El pelirrojo identificó el cabo que, atado a uno de los bancos del bote, se tensaba y desaparecía por la borda. Gateó entonces a toda velocidad hacia el borde para comprobar, al asomarse sobre el timón, cómo la cuerda se sumergía en el agua, para aparecer atada a un bulto flotante cubierto por una loneta amarrada alrededor, a unos siete metros más allá. En una esquina, donde la tela se había soltado, pudo identificar el familiar brillo del preciado metal.

- ¡Lo logramos! El viaje ha merecido la pena. Sabía que esa cosa flotaría. Sin duda tiene partes huecas y aire en su interior – se incorporó triunfante, manteniendo el equilibrio sobre la cubierta en movimiento con los pies descalzos y separados; se giró mirando hacia Druso en la proa, que se afanaba tratando de mantener la vela en posición, asediado por unos vientos que cambiaban caprichosamente de dirección.
- Maldito central atolondrado, ayúdame con esto,- le regañó el isleño con la piel oscura perlada por la densa humedad que lo empapaba todo- el marinero eres tú y te has pasado medio viaje durmiendo. Aunque ya casi hemos llegado.

El chico sorteó el palo y llegó hasta él, sustituyéndolo en su puesto y tirando de un cabo para situar la vela en un ángulo que hiciese menos resistencia con el viento, liberándola de una tensión que, de prolongarse, podría llegar a desgarrarla. De repente, una fuerte brisa despejó gran parte de la niebla que tenían delante, y los enormes edificios de piedra aparecieron frente a ellos, a no más de cien metros de donde estaban. Los sonidos de la ciudad les fueron llegando progresivamente aunque la mayoría de botes estaban ya amarrados en los muelles de madera a aquellas horas avanzadas de la tarde. Identificó el canal por el cual habían salido y corrió hacia la palanca del timón, situada a popa, para dirigir la chalupa hacia él. Si se mantenía la brisa no tendrían que utilizar los remos para navegar por dentro de la ciudad. Volvió a mirar hacia las alturas, maravillado por las enormes estructuras, cada vez más omnipresentes e impresionantes. De repente, una masa enorme sobre los edificios les cubrió con su sombra. Entrecerró los ojos tratando de enfocar la enorme astronave suspendida a contra luz y fue entonces cuando el corazón le dio un vuelco en el pecho. En uno de los costados metálicos del crucero pudo distinguir el inconfundible blasón con una rosa roja rodeada de estrellas doradas.

- ¿Pero, qué narices es esa cosa?- dijo Druso mirando también hacia las alturas.
- Es un crucero de batalla del reino de Ibria… muy lejos de Ibria - explicó el caledoniano sin apartar la vista de la mole flotante. Druso negó con la cabeza. Se puso a su lado, y señaló a otro punto más alejado en el cielo. Más allá del crucero.
- Esa otra cosa - aclaró. Reed se echó hacia atrás el flequillo pelirrojo con una mano. Al principio dudó de lo que veía; no por no haberlo visto en innumerables ocasiones en Stirling, la capital de Caledonia, sino por ver el edificio allí y flotando entre las nubes doradas y las terrazas. La forma de la astronave poligonal, compuesta por enormes bloques cuadrangulares de piedra gris, le resultaba inconfundible.
- Es un Templo de la Verdad2, - la voz le tembló al decirlo– hay uno en cada una de las ciudades principales de cada reino, desde hace cientos de años. No había visto ninguno en su modo de peregrinación, antes de desplegarse e instalarse en un nuevo lugar. Así se expandieron al principio de La Paz, según se cuenta. ¿Ves esas protuberancias de los lados? Pues bien, al abrirse formarán unas torres, y ¿esa abertura de allí?...
- Un momento... ¿Mensajeros?¿Aquí?– interrumpió el isleño sujetándole del hombro bruscamente, casi pegando su cara contra la suya. Él asintió mirándole con los brillantes ojos azules. Druso miró entonces hacia la parte baja de la ciudad y señaló hacia un canal de entrada, a unas decenas de metros a estribor.
- Cambio de planes. Nos saltamos el embarcadero: amarraremos en la base del edificio del taller de Goshi y desde allí ascenderemos.
- Pero ¿y nuestras cosas? ¡Mi ropa!– se quejó el pelirrojo señalando el pantalón hecho jirones que llevaba como única prenda. Entendía la situación comprometida del taller herético de Goshi, pero aún así...

Dipla pasó a su lado soltando una exclamación indignada, y saltó por la borda rompiendo la superficie del agua con las manos palmeadas extendidas frente a ella. Unos segundos después apareció a unos veinte metros saliendo despedida sobre las olas describiendo un arco en el aire, para caer y volver a sumergirse seguida de un estallido de espuma.

- La veremos en el taller– determinó Druso. Sin protestar, Reed tiró de uno de los cabos para aprovechar el viento que llegaba de babor con la vela y giró el timón. La lancha surcó las olas a velocidad moderada rumbo a su nuevo destino.

Cuando el sol empezaba a ponerse, tras toda una noche y casi todo el día instalando las piezas en la nave, Goshi recibió la visita de uno de los hombres de Venna. Pensaba que las cosas no podían ir a peor: pero se equivocaba. El chico había cruzado media ciudad a la carrera. Y mientras trataba de recuperar el aliento le contó que, al parecer, los mensajeros buscaban algo o a alguien, en la ciudad. Yano, aprovechando la oportunidad de desembarazarse de ella de una vez por todas, les había hablado del taller y la hereje que lo regentaba, sugiriendo interrogarla al estar relacionada todo el rato con extranjeros, debido a sus perniciosas actividades. Una sensación de frío le recorrió la espalda al pensar en la posibilidad de ser interrogada por un mensajero. Había escuchado rumores, leyendas, sobre la capacidad de aquellos sacerdotes para entrar en las mentes de la gente, y si estos eran mínimamente ciertos, podían llegar a saber sobre sus actividades como mecánica por ella misma, e iría directa al calabozo, o algo peor, en caso de que los mensajeros se instalasen finalmente en la Isla.

Despidió al azorado mensajero, enviando sus agradecimientos a Venna, y, tras ponerlos a cargar la Charlotte con víveres, y sus herramientas y equipo más valiosos, despidió también al resto de los empleados del taller, que aún no habían terminado su turno, pagándoles la semana por anticipado. Cualquiera de ellos podría implicarse a sí mismo y a los demás en un interrogatorio, así que les advirtió de alejarse de la vista de los mensajeros durante una temporada. Tarina apareció por las escaleras, algo más descansada, aseada y serena. No había rastro de polvo azul en la piel, vestía una túnica oscura y holgada, y llevaba la espesa cabellera de trencitas anudada en la nuca. Al ver a Goshi agitada bajando por la rampa de la astronave se acercó hacia ella y preguntó.

- ¿Qué sucede?¿por qué se van todos?
- Vete a por tus cosas. Nos vamos.
- Pero Druso…no podemos dejarlo aquí.
- Tarina,– la sujetó de los hombros con firmeza y la miró a los ojos - en cualquier momento los mensajeros aparecerán por esa rampa y lamentaremos no habernos ido cuando tuvimos la ocasión. ¿Acaso quieres volver a caer en sus manos y que vuelvan a…?- Se le quebró la voz y decidió no entrar en detalles- No tenemos que pagar por la estupidez de tu hermano. Le dejaré un mensaje que solo él pueda encontrar para reunirnos en otro sistema estelar; alguna vez contemplamos esta posibilidad, así que él sabe lo que tiene que hacer.

Tarina no respondió, paralizada entre el amor por su hermano y el miedo a los mensajeros. Después, como si recordase algo importante, se llevó las manos al vientre, la miró y asintió. Goshi sonrió con la sonrisa más triste del mundo. De repente un sonido chirriante llamó su atención desde uno de los elevadores que servían para subir y bajar equipamiento pesado de unos niveles a otros a lo largo de la fachada del rascacielos: las cuerdas estaban tensas, y el mecanismo de poleas en plena actividad. Alguien subía y las habían cogido por sorpresa.

- ¡Sube a bordo y busca armas! Están en un contenedor amarillo en la bodega delantera. Intentaré cortar las cuerdas del ascensor antes de que lleguen a la terraza. -Tarina obedeció y echó a correr hacia la rampa de la Charlotte, mientras ella agarraba unos alicates enormes y se dirigía hacia el borde de la terraza. Trataría de cortar las cuerdas antes de que los indeseados visitantes llegasen hasta ellas. Se colocó ante el sistema de poleas buscando el lugar más efectivo donde cortar.

- ¡Hola preciosa! No te vas a creer lo que hemos encontrado. ¡Vamos a ser ricos! –dijo Druso desde la plataforma a pocos metros más abajo. Goshi, le miró sin creer lo que veía y soltó el aire que llevaba un buen rato reteniendo en los pulmones sin darse cuenta. Dejó caer la herramienta al suelo conteniendo un grito con la mano en la boca. Con la otra se apoyó en el mecanismo. Las manos le temblaban. Tarina apareció detrás de ella con una carabina de energía apuntando al borde de la terraza, y la sobrepasó antes de que pudiese pararla. Cuando la cabeza de Reed apareció por el borde, el haz de energía salió despedido en su dirección y apenas esquivó el disparo por unos centímetros. Varias baldosas fueron pulverizadas en medio de un estallido de humo y piedras. El pelirrojo, desequilibrado y tras dar un traspiés, se hubiese precipitado por el borde de la plataforma si Druso no le hubiese sujetado de un brazo en el último momento.

- ¡No! – gritó Goshi recuperando el control de sí misma, y dirigiendo el cañón de Tarina hacia otro lado. La chica trató de zafarse, sin entender los reparos de Goshi, pero entonces, al ver a su hermano poner un pie sobre la terraza, dejó caer el arma y corrió a fundirse con él en un abrazo.
- Druso, ya nos íbamos sin ti. Es un alivio que hayas regresado.
- ¿Iros? ¿Pero cómo? Goshi ¿qué sucede? - soltando a su hermana suavemente se encaminó hacia la mecánica, que seguía parada en el sitio mirándolo fijamente, con emoción contenida y una tormenta enjaulada en su mirada. Entonces, ella también comenzó a andar hacia él, con paso firme y, cuando se encontraron, le cruzó la cara de una bofetada. Druso puso expresión de sorpresa, pero luego la miró a los ojos. No necesitó saber nada más: la rodeó con los enormes brazos, y la besó sobre el cabello oscuro y encrespado, mientras ella enterraba el rostro en el pecho de él.

Reed se quedó callado, conmovido por la escena. No es que conociese a Druso o a Goshi lo suficientemente como para emitir un juicio de valor, pero, por primera vez, el hecho de que aquellos seres tan aparentemente opuestos se amasen, no le pareció tan descabellado. Pudo ver la Charlotte justo detrás con un par de protuberancias instaladas a los lados ¿Habría llegado a buen puerto el acuerdo del Capitán Eclipse con aquella mujer? En caso de que el pirata hubiese solucionado los problemas de ambos, ¿habría empeorado él las cosas al largarse en busca de recursos? Su agotamiento era tal, que estaba dispuesto incluso a disculparse, a darle la razón a aquel hombre con tanto talento para sacarle de quicio. Decidió ser más paciente, estar por encima. Al fin y al cabo, si había sobrevivido a los tarns, un pirata de tres al cuarto no debería ser algo difícil de manejar. Nobleza obliga, se dijo a sí mismo. No le daría el placer de perder los papeles de nuevo. Recorrió los alrededores de la nave buscando, pero no dio con él; de hecho, el taller estaba completamente desierto. Ni un alma.

- No está... Eclipse - la voz de Goshi le llegó desde detrás. Se giró hacia ella ladeando la cabeza y levantando una ceja sin entender.
- Fuimos ante el consejo, como parte de un estúpido plan para…
- ¿Dónde está? - interrumpió él cortante al darse cuenta de que ella evitaba mirarle a los ojos.
- Alguien en el consejo lo identificó como pirata y se lo llevaron al calabozo, donde permanecerá hasta que sea juzgado. Pero la llegada de esas naves lo ha retrasado todo.
Reed se giró sobre sí mismo dándole la espalda y apoyando un puño cerrado en uno de los trenes de aterrizaje de la nave. Tenía la mandíbula tensa bajo la barba. Los ojos azules y muy abiertos miraban de un lado para otro, pero hacia nada en concreto.
- Al parecer…- continuó ella interrumpiéndose al ver que el chico no se giraba. Se armó de valor y continuó- al parecer se produjo una pelea, seguramente amañada. El caso es que hubo muertos, y Eclipse fue herido - concluyó ella cruzando los brazos sobre el pecho y mirando hacia un lado.

Reed, aún dándole la espalda, cerró los ojos con fuerza al escucharla y esperó unos segundos antes de darse la vuelta y encararla de nuevo. Caminó hacia la rampa de la nave y se detuvo a su lado mirándola fijamente.

- Y tú no pensabas hacer nada. Simplemente te ibas a ir de aquí, en nuestra nave, sin mirar atrás.
- Debes entender que tengo gente a mi cargo, no es personal.

El caledoniano mantuvo la mirada, ella miró hacia otro lado y después le volvió a mirar a los ojos, en silencio.
- De ningún modo – dijo él sin bajar la mirada. Después reanudó el paso hacia el interior de la Charlotte. A pocos metros de allí, Tarina y Druso observaban la escena en silencio.

Otro día entero había transcurrido y nadie había venido a recogerlo para llevarlo hasta la horca. No es que aquello fuese un gran plan, pero cualquier cosa sería mejor que tener que soportar aquella fiebre mortal, el dolor y los mareos. El Capitán Eclipse no se engañaba, sabía que unas horas más así y ya no haría falta ejecución alguna, el cuerpo sin medicar fallaría tarde o temprano. Sophie le había contado su plan varias veces, pero él no tenía muy claro que fuese a funcionar estando en el estado que estaba. La voz de la chica le llegaba como un eco distante y no sabía cuándo ella le hablaba de verdad o si él estaba delirando por la fiebre. Estaba tumbado boca arriba en el catre y empapado en sudor, la herida del ojo le ardía, a decir verdad, le ardía todo el cuerpo. Escuchó unos ruidos cerca, y la voz de la chica ¿acaso iba a repetirle el plan de nuevo? ¿por enésima vez? Había tenido tiempos mejores pero tampoco era idiota. Entonces escuchó otra voz, replicando; esta vez era masculina, y después otra más similar ¿la fiebre alterando la realidad? Se disponía a abrir el ojo sano para ver qué pasaba cuando una idea lo paralizó: el plan. Se quedó totalmente quieto, lo más inmóvil que pudo, sin abrir el ojo, esperando. Trataba de ir más allá del calor y el mareo, esforzándose y tratando de concentrarse en la conversación.

- Os aseguro que ese tipo lleva un buen rato muerto. A saber qué enfermedad podría haberme pegado - decía Sophie asqueada.
- No puede estar muerto. ¡Tiene pendiente un juicio y la horca! Debíamos mantenerlo con vida hasta entonces, pero…- dijo uno de los otros. Al capitán le sonaba a isleño, así que dedujo que era uno de los milicianos.
- ¡Pues buen trabajo, porque la ha diñado! ¿La horca? – exclamó ella interrumpiendo indignada- ¿me han encerrado con un enfermo, y además un asesino?
- No he venido hasta aquí para debatir sobre el estado de salud de un sucio criminal de la Periferia. Mi señor me ha mandado a recogerla y escoltarla ante su presencia. Haga el favor de mantener las manos a la vista - dijo el tercero. Eclipse no reconoció el acento pero le sonaba totalmente a central, seguramente se trataría de uno de los ibrianos que habían llegado en el crucero de guerra.
- ¿Y si ese desecho me ha contagiado algo y yo se lo pego a tu señor? ¿lo has pensado? ¿Qué haces? ¡suéltame! - gritó ella con voz acelerada. Eclipse escuchó un forcejeo, pero a la vez unos pasos que se acercaban a muy poca distancia de él. Era el isleño.
- Está muy quieto, pero ¿no estará dormido? - con prudencia acercó la oreja al pecho del pirata y esté, sin perder un segundo, se abalanzó sobre él con ambas manos.

El ataque tomó por sorpresa al miliciano que trató de alejarse sin éxito, dando finalmente un traspiés que provocó que ambos acabasen rodando por suelo. A pesar del estado de debilidad, Eclipse sacó fuerzas de donde no había y consiguió rodear el cuello de su rival desde atrás, comprimiendo el antebrazo contra el cuello del hombre, mientras este le daba codazos en las ya doloridas costillas tratando de coger aire. El pirata pudo ver ahora claramente al corpulento soldado central sujetando a Sophie por las muñecas al otro lado de la sala; iba vestido con un imponente uniforme granate con piezas protectoras de metal dorado en pecho, hombros y extremidades. Su forcejeo con el isleño captó la atención del ibriano, que durante unos segundos giró la cabeza hacia ellos temiendo que le llegase algún ataque desde la espalda. Estos segundos de guardia baja fueron todo lo que ella necesitó para asestarle un rodillazo en la entrepierna y ver sus muñecas temporalmente liberadas. Esquivando a su adversario con habilidad, la chica echó a correr hacia la otra pareja de contendientes, que seguían forcejando en el suelo y, aprovechando el impulso de la carrera, le asestó una fuerte patada al isleño en la cara y este se desplomó hacia un lado noqueado. Pero al momento fue derribada por el soldado, ya recuperado, que se abalanzó sobre ella por detrás. Recuperando vanamente el aliento, Eclipse gateó hacia ellos tratando de alcanzar al hombre por detrás; pero este, sin dejar libre a Sophie de su fuerte abrazo del oso, acertó a asestarle una patada, plantándole la suela de la bota en la cara. Eclipse, ignorando el dolor, y una nariz que nuevamente sangraba, se aferró a aquella pierna y trató de inmovilizarla contra su cuerpo. La larga chaqueta granate se apartó de la cadera con el movimiento, dejando una cartuchera negra a la vista. El pirata estiró la mano mientras el otro trataba de volver a patearle, y finalmente pudo sujetar la culata y tirar de la pistola hasta quedarse con ella en la mano. El ibriano, consciente del peligro, empujó a Sophie hacia un lado y se incorporó para saltar sobre él. El capitán, gateando hacia atrás desesperadamente, apuntó hacia su atacante y disparó, sin acertarle en la cabeza por un buen cacho. Apuntar con un solo ojo no era lo mismo. El guardia, miró hacia el boquete en el techo, y se abalanzó de nuevo sobre él con expresión fiera bajo el casco. El pirata, recordando esta vez activar la clavija de aturdir, no queriendo añadir más muertes a su condena, apuntó y disparó de nuevo, dándole de pleno en el pecho. El ibriano se desplomó finalmente mientras el cuerpo se sacudía unos segundos por la fuerte descarga. Eclipse, agotado y conteniendo una náusea, se quedó en el suelo apoyado sobre los codos.

- ¿Se puede saber qué le han dado de comer a esa bestia?
- Pues creo que…- respondió Sophie que sin perder un segundo se colocó sobre el guardia, buscando algo en unos contenedores del cinturón. Con expresión triunfante le mostró un cilindro de metal que medía menos de un palmo, al pulsar en un extremo, una aguja apareció por el otro- ¡Esto!
Después se dirigió hacia él, y sin previo aviso, le clavó el aparato en el muslo.
- ¡Au! ¿pero qué narices haces? - protestó él dolorido.
- Salvarte de la muerte… por ahora. No sé muy bien lo que es, creo que algún tipo de medicina sagrada de los Mensajeros, pero lo utilizan para incrementar sus habilidades físicas en combate; el efecto sobre el organismo es tan potente que anula temporalmente casi cualquier dolencia, enfermedad o infección–. Volvió a incorporarse y le examinó de arriba abajo con la mirada, y después hizo lo mismo con el ibriano - creo que ese uniforme te va sentar mucho mejor a ti que a mí, además el casco cubrirá el vendaje del ojo. Pero necesitamos un plan de escape ¡ya!

Eclipse levantó un dedo hacia ella, pero antes de abrir la boca para ordenarle que se callase, empezó a notar cómo una agradable sensación de frescor se expandía por debajo de su piel desde el muslo. Pudo notar cómo el calor de su cuerpo descendía por segundos y la claridad regresaba a su mente acabando en menos de dos minutos con el mareo, las náuseas y la fiebre. El dolor de las heridas también se esfumó, y un vigor, como nunca había tenido, tensaba cada músculo bajo su piel. Se incorporó casi de un salto, y miró su mano, que crujió al cerrarla en un puño.

- Uno no sabe lo enfermo que estaba, hasta que deja de estarlo.


1 Herejías tecnológicas/ Sellos sagrados: La tecnología fabricada por los Mensajeros lleva sellos sagrados que han de romperse para poder ser intervenida o modificada. Ésto es considerado un acto herético en los Reinos, y aunque en la frontera se hace, se hace a riesgo de arruinar la pieza. Solo los mecánicos más experientados pueden romper un sello sin malogar las piezas. Las naves con sellos rotos en sus piezas son multadas en los reinos y deben rendir cuentas ante los Mensajeros
2 Templo de la verdad: La sede terrenal de los Mensajeros. Hay un Templo en cada ciudad importante de los reinos y en todas las capitales, sin excepción. Son también centros administrativos y delegaciones de los Mensajeros en cada reino. Gestionan la educación, y supervisan los asuntos burocráticos. Los archivos y registros de los reinos se guardan en los templos de la Verdad, y pueden ser consultados por funcionarios. Se dice que sus bloques de piedra gris tienen la capacidad de reconfigurarse para servir como astronave. En este modo de peregrinación, volaron de un sistema a otro cruzando el paso sagrado del hiperespacio durante la formación de los reinos a medida que la fe de los Mensajeros se expandía.

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Leer sobre los Mensajeros AQUÍ.
- Ibria es uno de los principales Reinos Centrales. Leer más AQUÍ.

¿Qué decidirá el Capitán Eclipse? elige una opción! _______________________________________________________
Opción A:

Mejor dejarse de disfraces; sinceramente, la última vez que lo hizo acabó entre rejas y tuerto. Mejor coger las armas de los guardias y salir corriendo hacia los niveles inferiores evitando la salida principal donde habría explicaciones que dar.

Opción B:

El disfraz puede ser una buena idea, pero mejor utilizarlo hasta los niveles inferiores y evitar la salida principal. La ruta hasta el taller desde los niveles bajos será más larga pero más segura.

Opción C:

El disfraz es buena idea, sobre todo si lleva a Sophie como cautiva. Al fin y al cabo es a quien el ibriano ha venido a buscar y lo que los milicianos esperan ver. Una vez fuera llegarían antes al taller, que en el caso de tomar una ruta descendente, ya que este está en los niveles altos y bajar supone dar mucho rodeo. Tarde o temprano alguien entrará en la celda y descubrirá el pastel, con lo cual el tiempo con el que cuentan es muy poco y es mejor no dar rodeos.


Ranking de de los lectores (si no te ves en la lista, tan solo comunícamelo y lo arreglamos)____________________

El primero, o primeros, en subir de rango cada 3 decenas, recibirá/án lingotes extra!

  LINGOTES DE ORO x ACIERTOS (canjeables por premios exclusivos en breves)  
TRIPULANTES cap. 1
(B)
cap. 2
(A)
cap. 3
(A)
cap. 4
(A)
cap. 5
(C)
cap. 6
(B)
  RANGO
Abel Rodríguez - 10 0 10 10 10   Grumete (40)
Andrés Z - - 10 10 10 10   Grumete (40)
Adri de La Torre 10 10 10+5 0 10 10   Grumete (55)
Áinhoa Tilve 10 0 0 10 0 0   Aprendiz (20)
Apambs (Alberto) 0 10 0 10 10 10   Grumete (40)
Álex Bagües 10 0 10 10 10 0   Grumete (40)
Ángela Burón 10 0 0 0 0 0   Aprendiz (10)
Adbeelk 10 0 0 0 0 0   Aprendiz (10)
Antonio Irún 10 10 0 10 10 0   Grumete (40)
Athomfan 10 10 10+5 10 10 0   Grumete (55)
Daniel Cardiel 0 0 0 10 10 0   Grumete (20)
David Guerrero 10 10 0 0 0 0   Aprendiz (20)
Diego Moreno 0 10 0 10 0 10   Grumete (30)
Diego Vera 10 0 0 0 0 0   Aprendiz (10)
Héctor García 10 10 0 0 0 0   Aprendiz (20)
Itor Vázquez 10 0 0 0 0 0   Aprendiz (10)
Jaume Díaz Alonso 10 0 0 0 0 0   Aprendiz (10)
Javi Comesaña 10 10 10+5 10 10 10+5   Pirata (70)
Javier Ramos 10 0 0 0 0 0   Aprendiz (10)
Jorge Suberviola 0 0 0 0 0 0   Aspirante
Linda Moreno 10 10 0 10 0 0   Grumete (30)
Manu Solís 10 10 0 10 10 10   Grumete (50)
Manuela Omimes 10 10 0 10 10 0   Grumete (40)
Martina Menéndez 10 0 0 0 0 0   Aprendiz (10)
Noemi Roselli 10 0 0 10 10 0   Grumete (30)
Pablo L. de la Puerta - - - - 10 10   Aprendiz (20)
Pedro Téllez 10 0 0 0 0 0   Aprendiz (10)
Pepepán 10 10 10+5 10 10 0   Grumete (55)
Rodrigo Leo 10 10 0 10 10 0   Grumete (40)
Sonia Rubio 10 0 0 10 10 0   Grumete (30)
Toni Areny - - 0 10 10 0   Grumete (20)
¿Quieres saber más sobre este universo? Te puede ayudar a acertar_________________________________________

Capitán
Eclipse

Reed

Los
Mensajeros
(NUEVO)

El Culto a
Astra
(NUEVO)

Mapa
estelar

La
Periferia
(NUEVO)

Los
Reinos
Centrales
(NUEVO)

Reino de
Ibria
(NUEVO)

Reino de
Caledonia

YA A LA VENTA! Los Anillos de Beta Hidry ________________________

"Año 1492 de la Paz de los Mensajeros. Un adolescente de un mundo remoto de La Periferia, se enrola en la nave pirata Karina y vive emocionantes aventuras. Una historia con nuevos personajes, que no salen en los cómics, situada varios años antes en el tiempo. Ideal para iniciarse en este universo...."

Primer relato ambientado en el universo de Las aventuras del Capitán Eclipse.

5 € (envío ordinario a España está incluido, envío internacional)
El libreto en tamaño A5, 40 páginas 80 gr. Portada doble a todo color + 5 ilustraciones interiores en grises.




YA A LA VENTA! Capitán Eclipse - Rescate en la Periferia
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" Año 1512 de la Paz de los Mensajeros. El Capitán Eclipse y su tripulación, a bordo de la nave pirata Divine, asaltan un carguero en el reino de Caledonia. Mientras tanto, en el mismo sistema estelar, la Reina Idonia trata de evitar, en secreto, una desastrosa crisis política..."

68 páginas a todo color 15 € (envío ordinario a España está incluido, envío internacional)

Capitán Eclipse -Las Hijas del Cometa ________________________

" Año 1508 de la Paz de los Mensajeros. En el alejado sistema estelar de Chakkara, las Hijas del Cometa se preparan para realizar sus ofrendas en un ritual centenario, pero unos invitados no deseados entran en escena..."

Historia corta de 6 páginas para la revista de cómic, Ensueños.

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