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Ya disponible para leer la SEXTA ENTREGA del relato on-line, y gratuito, Capitán Eclipse y Reed en El Enigma de Antara.
Lee esta entrega y al terminar escoge una opción para ganar futuros premios. Dímelo por Facebook, Instagram, en cualquiera de las fotos dedicadas al este relato, o en este contacto. Si no has leído los anteriores, lo puedes hacer y unirte a la aventura en cualquier momento.
Esta historia transcurre justo después de Rescate en La Periferia, pero se puede leer independientemente, ya seas nuev@ lector o veteran@...
¡Y viene acompañado de varias fichas de contenidos al final!

Bienvenid@ a bordo y buena proa!
Iván.

Capitán Eclipse y Reed, en El enigma de Antara.

Capítulo 6
. Tan cerca, tan lejos.

La Isla, en La Periferia. Año 1512 de la Paz de los Mensajeros.

Reed dejó el cubo sobre la cubierta e inmediatamente buscó la bolsa con sus pertenencias, que estaba entre el resto de bultos a popa. Encontró la pistola de energía en su cartuchera, y la ató a su cinturón. Tras coger uno de los cabos de repuesto, y anudar un extremo al palo y el otro a su cintura, puso un pie sobre la borda. Entonces, el balanceo del bote le hizo perder momentáneamente el equilibrio, pero Druso impidió que se precipitase al agua sujetándolo de un brazo. Dipla les miraba horrorizada. Asistido esta vez por el isleño, puso el otro pie sobre la borda, se encogió para coger impulso y, cuando estuvieron a medio metro del hielo, saltó hacia este con las extremidades estiradas, dándose dolorosamente de bruces contra la pendiente helada. Al momento, comenzó a deslizarse hacia abajo. Desesperado, trató de sujetarse al hielo como pudo, quemándose la piel de dedos y rodillas en el proceso. Arañaba la resbaladiza superficie y trataba de gatear, pero no lograba frenar la caída. Cuando ya había perdido toda esperanza de poder sujetarse, y se veía cayendo al agua, el cuchillo de Dipla se incrustó en el hielo a unos pocos centímetros de su cabeza. Sin mayor dilación, se aferró con ambas manos a la empuñadura de molusco tallado y trató de recuperar el aliento cerrando los ojos durante unos segundos. El oleaje, cada vez más fuerte, hizo que la montaña flotante se inclinase momentáneamente, suavizando bastante la pendiente. Reanudó entonces la escalada con premura, aprovechando la efímera ventaja, hasta que, finalmente, alcanzó una terraza natural y rodó sobre sí mismo alejándose del borde. Recuperando el aliento de nuevo, se incorporó y se dio cuenta de que, con las prisas, ni siquiera se había calzado y los pies se le empezaban a entumecer por el contacto con el hielo, pasando de un hormigueo caliente a una total insensibilidad. Miró hacia sus compañeros y saludó con una mano, esbozando sonrisa triunfal. Entonces, al ver las aletas de los tarns nadando cada vez más cerca de ellos, mudó su expresión de la alegría a la determinación. No había tiempo que perder y empezó a trepar hacia la zona más alta de la montaña de hielo. Este segundo ascenso se le hizo menos difícil, ya que la pared era poco escarpada y con numerosos salientes donde poner pies y manos. Finalmente alcanzó cumbre y se frotó unos minutos las plantas de los pies, ya azuladas, tratando de calentarlas vanamente.

- Unos pasos más y todo se habrá terminado - se dijo convencido.

La enorme estructura se tambaleaba cada vez más debido a la tempestad, así que el tramo final hacia el artefacto lo terminó gateando, ya que el puente natural era tan estrecho que estuvo a punto de patinar y caerse por el borde en varias ocasiones. Cuando llegó hasta el proyectil de metal, y pudo tocar la fría superficie con las yemas de los dedos, llegó rápidamente a la conclusión de que jamás había visto algo parecido, ni en Caledonia ni en la frontera, y no acertó a adivinar qué era en realidad. Le dio unos golpecitos, tratando de discernir si era hueco o compacto, pero no lo pudo determinar: el fuerte viento y la lluvia inundaban ya su campo auditivo. Aunque la superficie era prácticamente lisa, pudo comprobar que había algo parecido a un propulsor en el extremo enterrado en el hielo. Quizás podría atar el cabo en aquella zona con maquinaria más expuesta, para no perderlo todo en caso de derrumbe. Sentándose sobre la reliquia a horcajadas, empezó a picar el hielo con el cuchillo. De repente, un fuerte chasquido llamó su atención y comprobó cómo una serie de grietas se abrían en el hielo a su alrededor; en cualquier momento, toda aquella área se desprendería y se caería al mar. Soltó una exclamación de alivio al arrancar un pedazo de hielo y encontrar una protuberancia en el metal con una parte hueca por la que pasar la cuerda. Sin dejar de sonreír, se desató el cabo de la cintura, y lo ató al artefacto, con un resistente nudo marinero. Nuevas grietas se abrieron alrededor y otra porción de hielo se fue a pique, salpicando al chocar contra las olas, unos metros más abajo de su posición. Siendo consciente de que el mínimo cambio de peso provocaría otro derrumbe, Reed se incorporó rápidamente y echó a correr tratando de dirigirse hacia una zona menos precaria... pero era demasiado tarde: el suelo bajo sus pies se desintegró en pedazos haciéndole caer de espaldas. Hielo, máquina y caledoniano se estrellaron contra las frías aguas en medio de una sonora explosión de espuma y polvo blanco. Bajo el agua se desató el infierno y numerosos pedazos de hielo cayeron a su alrededor, generando sonidos huecos, golpeándole y cortándole la piel y la tela elástica de los pantalones. Por suerte ninguno de los golpes fue fatal y trató de ascender hacia superficie braceando desesperado. Al emerger comprobó que estaba en medio de la laguna que se había formado en el centro del bloque de hielo y casi todo el arco sobre su cabeza se había desprendido ya. Miró alrededor sin encontrar el preciado metal, y su mirada se cruzó entonces con las enormes aletas que se dirigían hacia él a toda velocidad. En pocos segundos entrarían en la cavidad, le alcanzarían y lo devorarían. Buscó la lancha sin dar con ella en medio de la tempestad y tampoco encontró salientes en la pared de hielo a los que poder asirse para poder escapar a tiempo. Una mezcla de angustia, impotencia y desesperación le invadía: no quería morir así, no después de haber llegado tan lejos ¿habría sido un error dejar su hogar? De repente, el primero de los tarns saltó sobre una ola en toda su magnitud y volvió a caer pesadamente sobre las aguas entrando en la laguna. La enorme boca llena de dientes y los ojos negros a los lados de la enorme cabeza acorazada le daban un aspecto ciertamente aterrador. No moriría así. Palpándose la pierna bajo el agua, encontró y desenfundó la pistola de energía, la alzó sobre su cabeza, y apretó el gatillo. Al estar el cañón mojado solo se produjo un leve fogonazo, pero Reed siguió apretando el disparador compulsivamente hasta que un potente rayo de energía amarilla voló finalmente hacia el cielo, destrozando los restos del puente de hielo metros más arriba. Varios pedazos cayeron sobre el tarn, que ya casi le había alcanzado, aplastándolo y sumergiéndolo bajo las aguas; pero Reed comprobó con resignación cómo el resto de rocas se precipitaban golpeándolo también a él esta vez con fuerza. Pudo notar cómo algo le aferraba del tobillo y tiraba de él hacia el abismo, justo antes de recibir un impacto en la cabeza. Entonces, sobrevino la negrura.

Goshi estaba sentada en la penumbra con los brazos rodeándose las rodillas. Tarina estaba frente a ella sumida en un trance místico. La piel oscura estaba cubierta por dibujos de polvo azul, que brillaba en la penumbra, y las trenzas le cubrían el rostro al estar la barbilla sobre el pecho. La mecánica estaba a punto de perder la paciencia. Llevaban así ¿cuánto? ¿una hora? Para Tarina el polvo azul1 abría una puerta hacia la divinidad, pero para Goshi era solo una sustancia más del tipo que muchos utilizaban para divertirse en la Periferia; debido a sus fuertes efectos alucinógenos era más intenso pero no diferente del consumo de alcohol o las hierbas. El polvo azul era especialmente potente y había visto los efectos de su abuso en el pasado: algunas personas llegaban a volverse locas y otras se quedaban directamente tontas. Ella era una persona pragmática que no pensaba en aquello que no pudiese entender o comprobar por sí misma. Por aquella razón amaba las máquinas y rechazaba sistemáticamente todo mito o superstición. Rompiendo los sellos sagrados2, puestos por los Mensajeros3 en sus máquinas para ocultar su ciencia arcana, y modificando motores o generadores de escudos de energía, sentía que había una explicación racional para todo, una verdad que, con trabajo y tiempo, se podía llegar a descubrir. Ella iba más allá de las pobres y mágicas explicaciones que daban los Mensajeros como creadores sobrenaturales de tecnología o las más fantasiosas aun que daban los Astrales de la Periferia. El problema era que muy poca gente veía las cosas como Goshi lo hacía, así que evitaba expresar todo aquello en público para no meterse en problemas. En su fuero interno pensaba que la frontera entre los Reinos y la Periferia solo separa dos caras distintas de una misma ignorancia generalizada. La experiencia le había demostrado que hasta el más creyente de la frontera tenía una nave que reparar y nadie hacía preguntas aun sabiendo que a pocos años luz de allí, en los reinos, aquello era ilegal y un completo sacrilegio. El problema era que justo en aquel momento aquellos parsecs se habían acortado drásticamente y varias astronaves centrales flotaban sobre la ciudad. El control de vuelo había prohibido el despegue o aterrizaje de navíos hasta nueva orden. Druso aún no había aparecido y ella necesitaba actuar cuanto antes. Sin aguantar ni un segundo más allí, y tratando de hacer el mínimo ruido posible, se incorporó y salió de la habitación dejando a Tarina con sus locuras; en aquel punto del trance, la otra mujer no se daría cuenta, cómo no lo había notado en anteriores ocasiones.

Al subir a la terraza del taller vio que había anochecido y sus empleados ya no estaban. Notó la agradable brisa marina acariciándole la piel, y pudo escuchar el ajetreo que llegaba de los niveles inferiores, pero la ciudad estaba mucho más en calma que durante el día. Alzó la vista y comprobó cómo las luces de La Isla se reflejaban en el vientre metálico del mastodóntico crucero de Ibria4, suspendido muy por encima del rascacielos más alto, y recortado ahora contra un cielo despejado y sembrado de estrellas.

- ¡Goshi, querida! Por fin te encuentro...- exclamó una voz femenina a pocos metros de distancia.

La mecánica pudo distinguir una figura delgada, y envuelta en una capa, acercándose hacia ella en la oscuridad. Cuando estuvo lo suficientemente cerca y ésta se quitó la capucha, pudo reconocer la melena plateada y el rostro arrugado y sonriente de Venna. Las dos mujeres se fundieron en un abrazo.

- Gracias por interceder por nosotros esta mañana ante el consejo - dijo Goshi - Pensé que Yano acabaría echándome de la ciudad.
- Y colgando a tu amigo el pirata...- completó su amiga mirándola a los ojos. Goshi sonrió y bajó los hombros resignada. No tenía sentido mentirle; habían pasado por mucho juntas como miembros del Consejo, tratando de construir una ciudad mejor, y sabía que se trataba de una persona flexible y comprensiva.
- ¿Se sabe algo de él?
- Hubo un altercado mientras le llevaban al calabozo. Murieron guardias y Eclipse acabó malherido.
- ¿Altercado? Sin duda amañado por esa sanguijuela de Yano.
- ¡Por supuesto! Pero con muertes de por medio la horca será ahora ineludible... ¡y hay más!
- ¿Más?
- Al parecer Yano ha estado llevando a cabo negociaciones secretas con los reinos, en nombre de la Isla, durante meses. Parece ser que un embajador de Ibria ha llegado en ese crucero para negociar un acuerdo comercial en nombre de su rey.
- Con la presencia y el beneplácito de los Mensajeros, claro.
- Tecnología sagrada y protección de un reino como Ibria: demasiado goloso para que el consejo no vote a favor, por mucho que a nosotras nos pese. Lo cual te dejaría a ti en una posición muy precaria, amiga mía. Un taller en la ciudad sería, por definición, algo incompatible con la presencia de Mensajeros aquí, incluso te podrían detener si se adecúan las leyes en el acuerdo.
- Por eso apenas se opuso a mí en el Consejo, este es el as que ese cerdo se guardaba en la manga- dijo Goshi pensativa, empezando a entender todo el plan de Yano su cabeza.
- Haría todo lo posible por destruirte y tiene los medios; mira lo que ha hecho con tu amigo, sin ir más lejos.
- No tiene sentido lamentarse, ya ha ganado, lo que tengo que hacer es salir del planeta cuanto antes, salvar lo que pueda mientras tenga tiempo ¿empezar en otro sitio, quizás? pero ¿cómo, con esas naves en el cielo?
- Escucha. Toda negociación lleva su tiempo y no creo que se decida nada de la noche a la mañana. Hay más gente en tu situación en la ciudad, más gente dispuesta a irse y que ya ha empezado a organizarse- dijo colocándole las manos sobre los hombros suavemente.- Llegado el momento, una huida colectiva sería mucho más difícil de contener. Mañana habrá una reunión con el embajador y los mensajeros. Interpreta tu papel y asiste, hazle creer a Yano, a todos, que quieres conservar el taller, mientras preparas la huida con tiempo.
- ¿Y mi amigo? Si Yano quiere ejecutarle nada le impide hacerlo mañana mismo.
- Hay maneras de retrasarlo legalmente: ahora que hay asuntos importantes que atender en el Consejo. Ni siquiera Yano querrá que se pierda tiempo con un juicio, siendo el principal interesado en que el acuerdo de la Isla con los Mensajeros salga adelante.
- Puede ser. - A Goshi no le gustaba la idea, pero estaba con las manos atadas y sabía que su amiga era una mujer muy hábil en cuestiones legales.
- Será mejor que me vaya, Yano tiene ojos en toda la ciudad y debemos mantener las apariencias. - dijo Venna poniéndose de nuevo la capucha.
- Gracias, amiga. Te debo una- sujetándole una mano entre las suyas y besándola. Con una sonrisa cargada de ternura, la mujer le acarició suavemente la mejilla, se dio la vuelta, y desapareció en la oscuridad.

Goshi siguió mirando unos minutos a la oscuridad y luego se dio la vuelta en dirección a las habitaciones. Su mirada se cruzó con la silueta de la nave de Eclipse. Se paró en el sitio y empezó a andar hacia ella. Caminó unos metros bajo el fuselaje, acariciando el metal con los dedos, estudiando sus formas.

- Está bien, querida, si voy a tener que romper un bloqueo y abandonar el planeta, mejor no hacerlo en una nave desarmada, y eres la única que puede volar y tengo a mano ahora mismo. Creo que va siendo hora de hacerte esas modificaciones que tanto necesitas.
- Si abandonamos este mundo habrá muertes- dijo Tarina a su espalda, haciendo que soltase un grito de terror.
- ¡Maldita sea, Tarina! No puedes acercarte a alguien por detrás en la oscuridad y darle semejante susto! ¡Casi se me da un vuelco el corazón!
- He visto muerte y dolor. La Diosa me ha hablado- tenía la piel cubierta de sudor, y la tela del vestido se le pegaba al hermoso cuerpo acentuando las formas. Su expresión era cansada, con la mirada vidriada y perdida.
- No me digas...- se giró de nuevo y siguió recorriendo el casco con la mirada.
- Escucha – dijo la chica acercándose a ella por un lado y susurrando, como si alguien más pudiese escucharles- se presentarán ante nosotros retos sumamente difíciles. Pero la Diosa guiará a los piadosos de buen corazón. Las arenas del tiempo han ocultado una verdad antigua, pero la brisa del cambio la desenterrará dentro de poco - se colocó entonces delante de Goshi, mirándola fijamente a los ojos.- Debemos desconfiar de aquellos que no son quienes dicen ser, pues será su codicia la que nos traiga desgracia y muerte.- Miró entonces hacia las alturas – Ellos saben y buscan sin descanso, con sus naves y con su pensamiento. Muchas mentes que son una pero el secreto aún nos protege, el velo de Astra intercede y no les deja ver.
- Espero que se te pase pronto el efecto de ese veneno azul, porque nada de lo que dices tiene sentido alguno. ¿Y por qué sonríes así? Siempre que mencionas a los Mensajeros te entra el pánico y corres a esconderte.
- ¿Es que no lo ves, Goshi? ¡Ya no tengo miedo! He visto su rostro y es preciosa.
- ¿Y no será porque las estatuas que has visto desde niña la muestran así?
- No hablo de la Diosa, es a mi niña a quien he visto, y está llamada a hacer grandes cosas.

Goshi dejó de mirar hacia la nave y la miró asustada.

1 Polvo azul: Es una sustancia en forma de polvo que se obtiente procesando raíces de regalia, una planta originalmente de uso tanto decorativo como medicinal, muy común en varios mundos de los reinos. Es muy valorada en la Periferia, donde es menos abundante, tanto para el ocio como para su uso en rituales religiosos astrales debido a sus potentes efectos alucinógenos; otros efectos comunes son las regresiones, la percepción alterada de la realidad, la sinestesia, la sensación de omnipotencia y fragilidad física a la vez, y otros estados alterados de conciencia. Éstos pueden durar horas o días, y en algunos casos pueden conducir a la locura. Se puede inhalar o se aplica sobre la piel, en polvo o como masa, en distintas partes del cuerpo según se busque un efecto u otro. Las sacerdotisas de Astra realizan dibujos sobre su piel con el polvo azul para autoinducir el estado de trance. El polvo brilla con luz azul en la oscuridad al entrar en contacto con el calor del cuerpo.
2 Sellos sagrados: La tecnología fabricada por los Mensajeros lleva sellos que han de romperse para poder ser intervenida o modificada. Ésto es considerado un acto herético en los Reinos, y aunque en la frontera se hace, se hace a riesgo de arruinar la pieza. Solo los mecánicos más experimentados pueden romper un sello sin malogar las piezas. Las naves con sellos rotos en sus piezas son multadas en los reinos y deben rendir cuentas ante los Mensajeros.
3
Leer sobre los Mensajeros AQUÍ.
4 Ibria es uno de los principales Reinos Centrales. Leer más AQUÍ.

¿Qué decidirá Goshi? elige una opción! _________________________________________________________________
Opción A:

Lo que ha dicho Tarina, la ha dejado intranquila. Mejor será quitarle el polvo de la piel y hacerla hablar de manera más entendible. Después sería momento de tratar de organizar el rescate del capitán mientras los mecánicos instalan las armas al amanecer.

Opción B:

Tarina está loca y no tiene sentido hacerle caso. Mejor mandarla a descansar para que salga del trance. Lo prioritario es empezar a instalar las armas para que una vez regrese Druso solo se trate de dejar el planeta. En cuanto al capitán, ya se verá sobre la marcha, Goshi tiene más gente a su cargo y hay más vidas en juego.

Opción C:

Quizás no sea buena idea instalar las armas en este momento, sería mejor empezar a cargar la nave con lo más valioso para empezar en otro sitio, por lo que pueda pasar mañana. Por la suma adecuada el pelirrojo podría vender su nave o huir juntos. Por mucho que le duela, Eclipse es un caso perdido.


¿Quieres saber más sobre este universo? Te puede ayudar a acertar_________________________________________

Capitán
Eclipse

Reed

Los
Mensajeros
(NUEVO)

El Culto a
Astra
(NUEVO)

Mapa
estelar

La
Periferia
(NUEVO)

Los
Reinos
Centrales
(NUEVO)

Reino de
Ibria
(NUEVO)

Reino de
Caledonia

YA A LA VENTA! Los Anillos de Beta Hidry ________________________

"Año 1492 de la Paz de los Mensajeros. Un adolescente de un mundo remoto de La Periferia, se enrola en la nave pirata Karina y vive emocionantes aventuras. Una historia con nuevos personajes, que no salen en los cómics, situada varios años antes en el tiempo. Ideal para iniciarse en este universo...."

Primer relato ambientado en el universo de Las aventuras del Capitán Eclipse.

5 € (envío ordinario a España está incluido, envío internacional)
El libreto en tamaño A5, 40 páginas 80 gr. Portada doble a todo color + 5 ilustraciones interiores en grises.




YA A LA VENTA! Capitán Eclipse - Rescate en la Periferia
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" Año 1512 de la Paz de los Mensajeros. El Capitán Eclipse y su tripulación, a bordo de la nave pirata Divine, asaltan un carguero en el reino de Caledonia. Mientras tanto, en el mismo sistema estelar, la Reina Idonia trata de evitar, en secreto, una desastrosa crisis política..."

68 páginas a todo color 15 € (envío ordinario a España está incluido, envío internacional)

Capitán Eclipse -Las Hijas del Cometa ________________________

" Año 1508 de la Paz de los Mensajeros. En el alejado sistema estelar de Chakkara, las Hijas del Cometa se preparan para realizar sus ofrendas en un ritual centenario, pero unos invitados no deseados entran en escena..."

Historia corta de 6 páginas para la revista de cómic, Ensueños.

tags: Capitán Eclipse, Piratas, Charlotte, Caledonia.