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Ya disponible para leer la CUARTA ENTREGA del relato on-line, y gratuito, Capitán Eclipse y Reed en El Enigma de Antara, lee esta entrega y al terminar escoge una opción para ganar futuros premios. Dímelo por Facebook, Instagram, en cualquiera de las fotos dedicadas al este relato, o en este contacto. Si no has leído los anteriores, lo puedes hacer y unirte a la aventura en cualquier momento.
Esta historia transcurre justo después de Rescate en La Periferia, pero se puede leer independientemente, ya seas nuev@ lector o veteran@...
¡Y viene acompañado de varias fichas de contenidos al final!

Bienvenid@ a bordo y buena proa!
Iván.

Capitán Eclipse y Reed, en El enigma de Antara.

Capítulo 4
. De la sartén al fuego.

La Isla, en La Periferia. Año 1512 de la Paz de los Mensajeros.

La situación era cada vez más tensa. A su alrededor los miembros del consejo gritaban en las gradas. Levantó las manos con gesto conciliador, pero los guardias aferraron con fuerza sus varas, esperando a la mínima señal de sus superiores para lanzarse sobre él. Echó un vistazo rápido al que le pareció el menos fuerte; si conseguía esquivar el primer golpe, un buen puñetazo en la mandíbula quizás aturdiría al miliciano lo suficiente como para quitarle la pistola de energía y disparar al otro antes de huir... O que le disparasen a él. Al levantar la mirada sus ojos se encontraron con los del guardia, que le había visto mirando sus armas, y ya había adivinado sus intenciones. Fallo. Recorrió la sala con la mirada, sin bajar aún las manos, buscando alternativas; esta vez su mirada se encontró con la de Goshi, que trataba a duras penas de no llamar la atención sobre sí misma. Entonces bajó las manos, resignado: ella tenía mucho más que perder.

- Está bien, está bien, lo admito, ¡es verdad!- dijo elevando la voz. El alboroto se fue reduciendo a un leve murmullo y los miembros del consejo escucharon entonces con atención.- Fui pirata durante un tiempo. La vida de comerciante es dura; arrastraba deudas, una cosa llevó a la otra... y cuando me di cuenta estaba asaltando naves. Un par de veces. Puede que tres. Pero fue algo temporal; es una vida demasiado peligrosa para mí. Por supuesto Goshi no sabía nada de eso, siempre me ha conocido como mercader. Ese periodo de mi vida es algo que me avergüenza y de lo que, como comprenderán, no le hablo a todo el mundo. Pero lo importante es que la Isla corre un peligro que sí es real y las lecturas de mi nave están ahí para quien quiera verificarlas. A Goshi solo la movía la buena fe cuando me trajo ante ustedes.

- ¡Mienten!- gritó Yano desde las gradas- Es evidente que están compinchados. ¿Acaso no lo veis? Esa mujer no tiene escrúpulos en ejercer sus herejías y malas artes en las astronaves de cualquier delincuente que pueda pagar el precio, poniendo en peligro a toda la comunidad. Su taller es un imán que atrae a todos los bandoleros y gentuza de este sector. - Señaló entonces al pirata, con el rostro cada vez más enrojecido por la ira y escupiendo saliva al gritar - ¡Exijo que se cuelgue a ese sucio pirata en la plaza, inmediatamente! ¡Me ha robado y lo ha admitido! ¿Qué más se necesita saber? La ley es clara en estos asuntos. Y en cuanto a ella, debería ser exiliada de la ciudad de inmediato; ella y todos los indeseables que trabajan en ese nido de impureza en el que ejerce sus actividades.

- ¿Nido de impureza? ¿En serio? - Ghosi no pudo evitar romper su silencio y elevó el tono para que todos pudiesen escucharla.- ¿Quién te crees que eres, Yano? ¿El rey de Ibria? Por si no te has dado cuenta estamos en la Periferia; la Ley de los Mensajeros no tiene validez aquí, somos una ciudad libre. - Al contrario que en otras ocasiones, Yano no le replicó: simplemente se cruzó de brazos, esbozando una leve sonrisa solo perceptible para ella. A Goshi no le gustó aquello, y cada fibra de su ser le dijo que aquel hombre se guardaba un as bajo la manga, y era un hombre peligroso.

- Por favor. No nos precipitemos, Yano– interrumpió una mujer delgada, y de pelo cano, desde el otro lado de la sala.- Goshi no solo es miembro del consejo, al igual que tú, también nos ha advertido de un peligro que podría ser fatal para esta ciudad que tanto quieres proteger. Antes de decidir nada deberíamos comprobar si las lecturas de la nave del pirata son ciertas. De serlo, creo que tendríamos ante nosotros a una heroína y no a la delincuente que tú acabas de retratar. En cuanto al pirata, ciertamente ha admitido su delito, pero al advertirnos de la desgracia de Xarris, también se ha arriesgado a ser descubierto y colgado. Propongo que se le encierre y que decidamos un castigo adecuado entre todos. Si su información es real, al menos deberíamos perdonarle la vida, y buscar el modo en que pueda compensar tus pérdidas, vendiendo su astronave, trabajando para ti, o de otro modo. Podrías salir ganando. Esta es mi propuesta al consejo. Votemos y decidamos.

El Capitán Eclipse contuvo la respiración y solo volvió a tomar aire de nuevo cuando todos los miembros del consejo, menos tres, Yano incluido, cerraron el puño derecho y lo colocaron sobre sus frentes. Se había librado de la horca...temporalmente. Goshi le miró sin decir nada, fingiendo cierta indignación. Ella también tenía un papel que interpretar. Los guardias lo sujetaron y maniataron con rudeza por detrás de la espalda. A empujones, procedieron a sacarlo de allí camino de las celdas. Antes de salir por la puerta miró hacia las gradas y sus ojos se encontraron con los de Yano. En aquella mirada solo encontró el más profundo de los odios.

Flanqueado por los dos Guardias, el Capitán Eclipse fue conducido a través de las calles de la ciudad en dirección al edificio de la milicia, donde sería encerrado hasta que se celebrase el juicio. Las calles estaban llenas de gente, ya pasado el mediodía y los transeúntes lo miraban con desconfianza y desprecio, murmurando entre sí y tratando de adivinar qué crimen habría cometido para caminar maniatado y con semejante escolta. Al entrar en una plaza abarrotada de tiendas e isleños, alguien arrojó un objeto desde la multitud al grito de "pirata". Eclipse lo esquivó por pocos centímetros y la fruta explotó sobre el pectoral de uno de los guardias, empapándole el torso con un zumo azulado y restos de pulpa.

- Y el premio a la discreción va para...¡el consejo de la Isla!- exclamó Eclipse.

Los milicianos intercambiaron una mirada y tomaron un camino secundario, y menos transitado para evitar problemas con más ciudadanos. Cuando cruzaban por una calle más estrecha y sorprendentemente vacía. Cuando habían avanzado unos metros, un carro cargado de barricas y tirado por dos enormes bogs1 apareció por el otro extremo. La callejuela era tan estrecha que las ruedas de la carreta casi rozaban las paredes. El conductor no tenía intención dar media vuelta: era imposible.

- ¿En serio? A este paso jamás llegaremos nunca al cuartel, y me muero de hambre- dijo uno de los guardias. Después avanzó unos metros, echó una mirada a un oscuro callejón lateral, apartó unas cajas rotas que cortaban el paso y les hizo una señal para que lo siguiesen. El otro guardia empujó al pirata sin miramientos y lo siguió de cerca.

Eclipse agradeció el frescor de aquella estrecha calle a la que no llegaba la luz del sol, pero cuando el fuerte olor a inmundicia, proveniente de la basura dispersada por el suelo, le impregnó las fosas nasales, decidió respirar por la boca hasta que llegasen al otro lado. Habían avanzado unos metros cuando la luz de la salida se vio eclipsada por unas sombras.
- ¡Lo que faltaba! ¡Vosotros! Quitaos de en medio. Tenemos prisa y nos bloqueáis el camino- ordenó con tono autoritario el impaciente miliciano que iba en cabeza.

Al segundo las figuras echaron a correr hacia ellos y Eclipse pudo escuchar el sonido metálico de las hojas al desenvainarse. Los milicianos frenaron en seco y, tras dudar unos segundos, desenfundaron sus pistolas de energía pero, antes de que pudiesen apuntar, un cuchillo cortó el aire con un siseo y se le clavó en el centro del pecho al que estaba delante del pirata. Entre asustado y sorprendido, el guardia dio unos pasos hacia atrás, y chocando de espaldas contra el bucanero, disparó sin apuntar. El rayo de energía salió despedido hacia las alturas, iluminando momentáneamente el callejón con una luz amarillenta. Los atacantes, que avanzaban a gran velocidad entre la basura, solo necesitaron unos segundos para caer sobre el herido, que recibió otra puñalada, esta vez fatal, en el cuello. Eclipse, al ver como éste se desplomaba a sus pies, decidió que no iba a terminar sus días en aquel maloliente callejón. Con las manos aún atadas a la espalda, se agachó, se giró sobre sí mismo y se coló por un lateral del miliciano restante; echando a correr por donde habían venido, a toda velocidad . A los pocos segundos escuchó un grito de agonía, pero no frenó la marcha para comprobar si provenía del guardia o de uno de los misteriosos asaltantes. Si conseguía salir del callejón, y llegar a calles más concurridas, tendría una posibilidad. Escuchó los pasos de sus perseguidores pisándole los talones, pero cruzó finalmente el umbral y salió a la iluminada calle, recibiendo en ese preciso instante un fuerte golpe a la altura de las espinillas. Sus pies dejaron de tocar el suelo y, perdiendo totalmente el equilibrio, salió despedido un par de metros debido a la velocidad de su carrera. Estando maniatado no pudo protegerse del golpe y se estrelló con fuerza contra el pavimento, golpeándose mejilla y hombro contra la dura roca en medio de una nube de polvo. El collar se desgarró y las cuentas salieron despedidas en todas direcciones. Durante unos segundos lo vio todo borroso pero, en un lateral a la entrada del callejón, pudo distinguir la figura oronda de Yano que sujetaba la estaca de madera con la que le habían derribado. Fue entonces cuando comprendió lo que había pasado realmente. El comerciante arrojando fruta. El carro bloqueando el paso. Todo aquello había sido orquestado por el astuto mercader. El consejo tendría sus normas, pero Yano tenía las suyas, y él había saltado de la sartén para caer en el fuego. Antes de que pudiese incorporarse, dos de los encapuchados le levantaron con rudeza y le arrastraron de nuevo hacia el callejón, ocultándolo rápidamente de miradas curiosas.

Lo llevaron a la altura de los dos guardias muertos y lo colocaron de pie y de espaldas a la pared. Yano se agachó sobre uno de los cadáveres y le extrajo el puñal del pecho con una mano enjoyada. Después clavó sus ojos en los del pirata y sonrió mientras se incorporaba lentamente. Eclipse miró a los lados del callejón, comprobando como los hombres de Yano hacían guardia para que nadie fuese testigo de lo que pasaba.

- Parece que lo tienes todo controlado, Yano. Pero, aunque decidas matarme, o hacerme desaparecer, ¿no sería evidente para el consejo que tú has tenido algo que ver en esto?- preguntó el bucanero desafiante. Yano se limitó a mirar a uno de los encapuchados y este se acercó a Eclipse y le asestó un fuerte puñetazo en el abdomen. El golpe fue tan potente que le hizo doblarse sobre sí mismo y le dejó sin respiración unos segundos. Los dos hombres que le sujetaban impidieron que se cayese al suelo y lo volvieron a incorporar, mientras estornudaba tratando de recuperar el aliento. Recibió entonces otro fuerte puñetazo, esta vez en el rostro, que lo dejó sin visión durante unos segundos. Un pitido agudo le inundó los oídos. Notó el sabor de la sangre que manaba del labio roto; levantó la cabeza y la escupió a los pies del comerciante.

- Nunca sabes cuándo callarte, ¿verdad pirata?- preguntó el mercader con desdén.- Pero yo no soy como esos idiotas del consejo: es a mí a quien has robado y no voy a dejar que te libres así como así. - Señaló a los milicianos muertos y dijo.- Lo que ha pasado aquí es evidente: aprovechando la soledad del callejón te enfrentaste a estos pobres hombres y los mataste, acabando tú mismo malherido en la pelea. Te encerrarán y mañana te colgarán: con un doble asesinato en tu haber, la posibilidad de un juicio se habrá esfumado.- Hizo una señal con la cabeza al hombre que le había golpeado, y esté agarró al pirata del cabello, levantándole la cabeza y sujetándole del cuello para inmovilizarlo.

- Así que no temas, ya no necesito matarte, pero voy asegurarme de que cuando regreses a los brazos de Astra2 lo hagas con un buen recuerdo mío– concluyó el mercader alzando el cuchillo.

El capitán Eclipse trató de forcejear pero fue en vano: Yano atravesó piel, músculo y hueso con el frío metal. En medio de un dolor insoportable, el pirata se escuchó a si mismo gritar. Después, la oscuridad lo cubrió todo.


Tras una jornada entera navegando, el sol desapareció en el horizonte y finalmente la temperatura descendió. Reed tiró fijó la posición de la vela a sotavento aprovechando así la ligera brisa que llegaba del noroeste; aseguró la caña del timón y se sentó en el banco de popa. Solo entonces fue consciente de lo agotado que estaba. Se desató la tela con la que se había vendado una de las manos, para tratar de suavizar el roce de los cabos, y comprobó que la tenía casi en carne viva. Las manos de un marinero se endurecían con la práctica, pero él tan solo llevaba un día navegando, y Druso había sido de muy poca ayuda... por no decir ninguna. Dipla, por el contrario, le ayudó como bien pudo con el mapa y sus conocimientos de primera mano sobre las corrientes de La Isla; e incluso pescaba para ellos. Podía sumergirse durante casi media hora antes de emerger para coger aire con varios peces capturados atados al cinto. Observó cómo los dos isleños preparaban la cena, una pasta hecha con rakki3 y pescado, demasiado salada para su gusto, pero más apetecible que el pescado crudo que masticaba la nadadora. Levantó la vista hacia el cielo estrellado y se quitó el pañuelo de la cabeza. Un aire suave y fresco le despeinó el cabello anaranjado, y en ese momento no recordó un placer mayor. En un rato caería rendido de sueño, sin duda, pero antes, cada fibra de su ser le pedía a gritos una zambullida refrescante. Acercó la nariz a un hombro, aspiró, y adoptó una expresión de disgusto al momento: definitivamente necesitaba un baño. Se quitó el chaleco, puso un pie descalzo sobre la regala de la borda y, con un impulso, se lanzó al agua de cabeza, penetrando en las profundidades con las manos extendidas por delante. El cambio repentino de temperatura le despertó del todo y buceó más de una decena de metros en la oscuridad. Avanzaba velozmente con un movimiento coordinando brazos y piernas, tratando de no tragar; en su mundo natal el agua del mar era dulce y potable, pero en La Isla era salada y no se podía beber. Las heridas de las manos comenzaron a picarle, pero la tibieza del agua se las aliviaba a la vez.

Salió a la superficie de aquel océano en calma y se limitó a flotar boca arriba, con las extremidades extendidas y mirando hacia un cielo despejado y salpicado por incontables estrellas. Había olvidado lo relajante que era aquello. Sin duda no se trataba de las aguas heladas de los mares de su mundo natal, pero tampoco era aquel lago caliente, turbio y rodeado de volcanes, en el que se había sumergido hacía semanas para rescatar al capitán Eclipse. Frunció el ceño; pensar en aquel zoquete seguía poniéndole de mal humor, así que cerró los ojos unos minutos. Con toda la cabeza sumergida, a excepción del rostro, el efecto aislante era aún mayor.

De repente notó unos sonidos distorsionados por el agua. ¿Eran voces? Girándose sobre sí mismo se sumergió para buscar la procedencia pero al haber anochecido no distinguió nada en la oscuridad del fondo. Al salir a coger aire de nuevo comprobó que los gritos venían de la superficie. A lo lejos, Dipla y Druso gritaban y le hacían señales. Druso parecía indicarle que regresase, mientras que Dipla negaba con la cabeza y señalaba hacia algún punto más allá de donde él se encontraba. Parecía indicarle que no se moviese, y se cubría la boca con una mano. ¿Para que guardase silencio? Sin entender muy bien dos mensajes en apariencia opuestos, decidió girarse hacia donde la chica indicaba y vislumbró una enorme aleta sobresaliendo por encima de las aguas, a no más de veinte metros, y avanzando velozmente en su dirección. Se quedó momentáneamente paralizado por el terror: en los océanos de su mundo algunos depredadores tenían aletas dorsales muy parecidas a aquella.

1 Bogs: Insectoides de tamaño considerable. Normalmente utilizados como ganado, bestias de carga o de monta, en algunos mundos de la Periferia. Tanto el duro exoesquelto como la carne blanda del interior son aprovechados para variedad de uso. Existen diferentes variantes, la mayoría dóciles.
2 Astra: Deidad femenina principal de los cultos astrales. La expresión regresar a los brazos de Astra se utiliza para referirse al hecho de fallecer, y es de uso común la Periferia. Leer aquí sobre los cultos astrales.
3 Rakki: Algas originales de La Isla. Se utilizan tanto para la alimentación como para la construcción, ya que al secarse se endurecen considerablemente.

¿Qué decidirá Reed? elige una opción! _________________________________________________________________
Opción A:

Dipla es una nadadora, ella sabe; mejor hacerle caso y quedarse quieto.

Opción B:

Mejor hacerle caso a Druso y tratar de llegar al bote antes de acabar devorado por...eso.


¿Quieres saber más sobre este universo?______________________________________________________________

Capitán
Eclipse

Reed
(NUEVO)

Xarris
(NUEVO)
Caledonia Mapa
estelar

YA A LA VENTA! Los Anillos de Beta Hidry ________________________

"Año 1492 de la Paz de los Mensajeros. Un adolescente de un mundo remoto de La Periferia, se enrola en la nave pirata Karina y vive emocionantes aventuras. Una historia con nuevos personajes, que no salen en los cómics, situada varios años antes en el tiempo. Ideal para iniciarse en este universo...."

Primer relato ambientado en el universo de Las aventuras del Capitán Eclipse.

5 € (envío ordinario a España está incluido, envío internacional)
El libreto en tamaño A5, 40 páginas 80 gr. Portada doble a todo color + 5 ilustraciones interiores en grises.




YA A LA VENTA! Capitán Eclipse - Rescate en la Periferia
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" Año 1512 de la Paz de los Mensajeros. El Capitán Eclipse y su tripulación, a bordo de la nave pirata Divine, asaltan un carguero en el reino de Caledonia. Mientras tanto, en el mismo sistema estelar, la Reina Idonia trata de evitar, en secreto, una desastrosa crisis política..."

68 páginas a todo color 15 € (envío ordinario a España está incluido, envío internacional)

Capitán Eclipse -Las Hijas del Cometa ________________________

" Año 1508 de la Paz de los Mensajeros. En el alejado sistema estelar de Chakkara, las Hijas del Cometa se preparan para realizar sus ofrendas en un ritual centenario, pero unos invitados no deseados entran en escena..."

Historia corta de 6 páginas para la revista de cómic, Ensueños.

tags: Capitán Eclipse, Piratas, Charlotte, Caledonia.