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Ya disponible para leer la TERCERA ENTREGA del relato on-line, y gratuito, Capitán Eclipse y Reed en El Enigma de Antara, lee este tercer episodio, y al terminar escoge una opción para ganar futuros premios. Dímelo por Facebook, Instagram, en cualquiera de las fotos dedicadas al este relato, o en este contacto. Si no has leído el primero y el segundo, lo puedes hacer y unirte a la aventura en cualquier momento.
Esta historia transcurre justo después de Rescate en La Periferia, pero se puede leer independientemente, ya seas nuev@ lector o veteran@...
¡Y viene acompañado de varias fichas de contenidos al final!

Bienvenid@ a bordo y buena proa!
Iván.

Capitán Eclipse y Reed, en El enigma de Antara.

Capítulo 3
. El Consejo.

La Isla, en La Periferia. Año 1512 de la Paz de los Mensajeros.

El Capitán Eclipse se desató la bandana de la cabeza y la utilizó para secarse el sudor del rostro con gesto de disgusto. Aun estando a cubierto en aquella caseta, el calor y la humedad eran insoportables.

- Hombres del espacio. No aguantáis ni un poquito de luz solar- dijo Goshi mientras vertía en dos vasos de madera oscura el licor contenido en una botella de cristal. Se acercó a él y le ofreció uno. - ¿Y bien? - preguntó mirándole a los ojos.
- Justo antes de aterrizar aquí, tratamos de hacer una parada en Xarris- relató el bucanero oliendo el contenido del vaso y reconociendo el fuerte aroma del negus1. Bebió un trago largo y continuó. - La cuestión es que no pudimos ni aterrizar. Cuando alcanzamos la órbita una banda de corsarios se encontraba en pleno asalto sobre el planeta. Creo que eran caníbales de Tenma. ¿Te has fijado en las quemaduras del casco de mi nave?, pues salimos vivos de allí por los pelos.
- ¿Corsarios en Xarris? Eso es demasiado cerca de la frontera, y mucho más cerca de...- dijo ella pensando en voz alta.
- ...de aquí- dijo él finalizando la frase- Eso es, señora, a solo unos siete años luz de este planeta. No sería descabellado que hiciesen una paradita aquí tras saquear Xarris.

Goshi se bebió el contenido de su vaso de un solo trago y se sirvió otro con expresión concentrada. Después de un breve silencio, giró la cabeza hacia él y lo miró a los ojos.

- ¿Tienes lecturas de sensores o alguna otra prueba?-
- Todo en mi computadora de vuelo, más dos testigos presenciales dispuestos a declarar ante el Consejo. - la miró a los ojos y continuó con un tono algo condescendiente - Goshi, si les vas con esta información serás vista como una salvadora. Las cosas cambiarán para ti, y para tu taller, en esta ciudad, si es que sobrevivís al asalto, claro.
- Tenemos defensas, algunas baterías antiaéreas, y podríamos prepararnos mejor ahora que contamos con cierta anticipación, pero ya sabes cómo son las cosas aquí. ¿Creer la palabra de un pirata? Para la mayoría no eres diferente de un corsario de Tenma, incluso podrían encarcelarte, o ahorcarte si se empeñan en ello. Las leyes son cada día menos flexibles en la frontera. Hay rumores, Eclipse; extranjeros centrales dispuestos a comerciar y establecer alianzas, los Mensajeros reuniéndose en secreto con miembros de la Liga de Comerciantes(1). Ante la posibilidad de ser arropados por la civilización de los reinos, muchos mundos fronterizos, como este, empiezan a rechazar todo lo que les asocie a los mundos de La Periferia.
- Mi nueva nave aún no lleva los distintivos piratas; además, Reed y yo podemos fingir que somos comerciantes, de Tobaga, Artea III, o cualquier otro lugar, si ese maldito central es capaz de mantener la boca cerrada, claro.
- Pero si descubren quién eres incluso yo podría salir mal parada. Ya les cuesta tolerar el taller en su ciudad, para ellos es un foco de herejías y delincuencia. Si además me relacionan con piratas...
- Como quieras, encanto, pero yo estoy dispuesto a arriesgarme, siempre y cuando el trato incluya instalación de armamento y defensas para mi nave; y combustible y víveres para unas semanas- dijo él ofreciendo su mano tras limpiar la palma en el lateral del pantalón, al modo de la Periferia.
- Armamento y el depósito lleno, y no tientes a tu suerte- dijo Goshi. El capitán asintió y ella procedió a limpiar su mano y estrechar la del pirata.

Salieron de la caseta y Eclipse se dirigió a la Charlotte para cambiarse e improvisar un disfraz de comerciante. A regañadientes, dejó las pistolas en el camarote, se puso una blusa holgada de color hueso, con cordones por delante. Goshi apareció con un pantalón ancho de colores vivos y un fajín ornamentado para el capitán, y sustituyeron sus botas altas por unas sandalias. Antes de descender por la rampa, el pirata entró en el camarote de Reed, encontrándolo vacío - ¿Dónde se habrá metido ?- se preguntó en voz alta.

Al salir de la nave una chica esperaba a la sombra de esta junto a Goshi. Era de piel muy oscura. Una melena negra y abundante, dividida en múltiples trenzas, le caía sobre los hombros y la espalda. De ojos sesgados, rostro ovalado y rasgos finos, era realmente una belleza. No iba vestida de mecánico: una tela vaporosa de color lila, atada al cuerpo en hombros y cintura con cuerdas muy finas, envolvía un cuerpo también hermoso y en estado avanzado de embarazo. La joven le ayudó a completar el aspecto de comerciante colgándole, en muñecas y cuello, una serie de abalorios dorados que llevaba consigo. Cuando se dispuso a ponerle unos pendientes dorados, el pirata dio un paso atrás y negó con la cabeza.

- Ni hablar, me he ganado los míos cruzando dos de las Cinco Tormentas2 - dijo tapándose las orejas con las manos y negando con la cabeza.
- Tú...y muchos otros piratas, zoquete. Un ojo observador puede notarlo. ¿Te los quitas tú o te los quito yo? - preguntó Goshi con tono amenazador y cruzando los brazos sobre el pecho. Él, con un bufido de desencanto, sustituyó sus preciadas aretas plateadas por los pendientes áureos.
- Todo listo. He mandado un mensajero para reunir al Consejo en una junta urgente. Vámonos - dijo la mecánica caminando hacia uno de los puentes colgantes que descendían de la terraza-taller hacia la ciudad.
- Un momento – dijo Eclipse.- ¿Alguien ha visto a Reed?
- ¿El pelirrojo? Tarina, ¿sabes algo? - pregunto Goshi, interrumpiendo el paso y girándose hacia la chica.
- ¿ El pálido barbudo? Se fue con mi hermano, y con la nadadora, hace unos minutos. Druso no me dijo nada, pero parecían dirigirse a la parte baja de la ciudad- relató la chica señalando hacia unas plataformas de madera adheridas en un lateral del edificio- se habrá ido a alguna cantina, ya conoces a mi hermano.
- Demasiado bien le conozco. Si le vuelvo a pillar metiendo las narices en los lupanares de los canales ya puede ir buscándose a otra- espetó la mecánica haciendo un gesto a Eclipse para que la siguiese. El bucanero la siguió a pocos metros, esbozando una sonrisa. ¿El estirado de Reed en un burdel?: daría un brazo por presenciar aquella escena.

Tras casi una hora descendiendo niveles, bajando escaleras y rampas, y cruzando puentes colgantes, Druso, Dipla y Reed habían llegado finalmente a la zona de los canales, a la altura en que el agua del mar fluía entre los edificios. El olor a pescado lo impregnaba todo, pero el calor era menos intenso al nivel del mar y a la sombra de los rascacielos. Durante el trayecto Dipla no dejó de tirar de la mano de Reed cada una de las repetidas veces que este aflojó el paso, maravillado con los tenderetes, los animales increíbles y las mercancías extrañas que subían y bajaban en ascensores colgantes de madera. Las gentes exóticas de La Periferia, pescadores isleños, comerciantes y nadadores, interactuaban en las pasarelas, bebían en las cantinas, o simplemente se asomaban por las ventanas sin cristales de los edificios. Lamentaba tener que ir con prisa y trataba de memorizar todo lo que veía para registrarlo en su librito de notas cuando regresase a la Charlotte. Desde niño tenía la costumbre de anotar todo lo que le llamaba la atención en un diario que había mutado a una suerte de libro de viajes desde que acompañaba al Capitán Eclipse. Lamentaba no poder pararse a hacer preguntas. Tras caminar un buen rato por los embarcaderos, impresionado por la altura de los edificios ahora que estaba en la parte más baja de la ciudad, llegaron a un almacén con una pared abierta a los canales, y amarrada dentro estaba una lancha de madera de un solo palo. Sin duda se trataba del embarcadero de Goshi. Entraron dentro y el mozo de almacén que cuidaba de todo les ayudó a cargar suministros en la chalupa. Druso empezó a cargar una serie de pértigas que el caledoniano reconoció como instrumentos de pesca, destinados a ser colocados en los laterales de la embarcación.

- ¿Pero no llevamos suficiente comida? ¿ Necesitaremos pescar?
- Prefiero no levantar sospechas ante otros buscadores de tesoros. Así que mientras haya barcos a la vista, nos haremos pasar por pescadores- dijo el isleño quitándose el chaleco y sacando algo de ropa de un baúl al fondo del almacén.
- Toma- le lanzó a Reed un bulto de prendas y este las cogió al vuelo, examinándolas sin entender.
- Se supone que vamos a navegar por el mar, no por el espacio- aclaró Druso señalando el mono de tripulante que vestía Reed.

Éste, al ver que Druso se quedaba en cueros para cambiarse, bajó la mirada y después la dirigió hacia los lados buscando un poco de privacidad. Finalmente se dirigió hacia una puerta que conducía hacia una zona de almacenaje más pequeña y oscura. Se desnudó rápidamente y metió su ropa y botas en un saco que encontró. Después procedió a ponerse la ropa que le había dado Druso, que consistía en un pantalón muy fino y ceñido, y una especie de chaleco corto, anudado por delante. Todo parecía confeccionado con la misma piel flexible que vestía Dipla. Le costó meterse en el pantalón, pero una vez puesto era realmente cómodo y fino, como una segunda piel. También había una tela negra pero no acertó a adivinar para que servía. No encontró calzado alguno, aunque habiendo navegado antes, sabía que muchos marinos iban descalzos para tener más estabilidad en cubierta, sobre todo en embarcaciones pequeñas. Cuando trataba de adivinar cómo atarse correctamente el chaleco, que también le iba un poco justo, algo en la oscuridad llamó su atención. En la pared más alejada de la puerta, que parecía cubierta de una especie de musgo y por manchas de moho, le pareció ver un brillo metálico. Se acercó tratando de no pisar objetos punzantes al caminar descalzo en la oscuridad. Apartó unas hojitas y raíces de tacto húmedo, dejando al descubierto una pieza de metal. Parecía una letra sobre la pared, y aunque estaba incompleta, le recordó a una "A" mayúscula. Invadido por la curiosidad palpó el liquen alrededor del relieve metálico con los dedos, y sintió la superficie fría de otro símbolo de metal a la derecha de la anterior. Retiró el musgo y pudo distinguir lo que le pareció otra "A", pero a esta le faltaba la barra que debería cruzarla de lado a lado, por el centro. Aunque al seguir palpando hacia la derecha comprobó que la letra estaba rota al final del segundo palo. Dedujo que podría estar incompleta al ver que, a medida que seguía retirando musgo, aparecían agujeros en la pared que podrían haber sido las sujeciones de más caracteres, evidentemente arrancadas o desprendidas por el paso del tiempo. Tras varios minutos, y varias letras más, arrancadas de sus sujeciones, solo pudo encontrar fragmentos de otro signo más, y este le recordaba una "R". Una "A", algo que podía ser otra cosa, caracteres desaparecidos, una "R", y otra letra ausente; demasiado incompleto. Ojalá se quedasen más tiempo allí porque ahora le picaba la curiosidad.

- Pelirrojo ¿qué haces fisgando en nuestro almacén? ¿Aún no te has cambiado?
- Voy- dijo Reed avergonzado saliendo con el chaleco sin atar. Más adelante le preguntaría a Druso por los caracteres de metal, aunque le parecían más antiguos que la ciudad nueva, donde no había visto textos por ningún lado.

Dipla, siempre sonriente y hablando sin que la pudiese entender, le colocó la tela negra a modo de gorro anudado en la nuca. Se subieron a la lancha y el pelirrojo comprobó que todos los cabos estuviesen bien atados. Druso no tenía ni idea de navegación, así que le observaba sin entrometerse. Había telas y cuerdas de repuesto por si había que reparar velas en medio del mar, así que sin perder más tiempo, sacaron la lancha del embarcadero remando. Reed se colocó en la popa para poder dirigir la nave con la sencilla caña de timón allí instalada. Les llevó un buen rato salir a mar abierto, pero una vez lejos de los edificios, el ruido y el olor a pescado, dejaron los remos sobre la cubierta, desplegaron la vela y navegaron velozmente hacia el norte sin problema, con el viento en popa y la vela completamente desplegada y tensa. Hacía años que Reed no navegaba, pero como había aprendido en las aguas tempestuosas y adversas de la fría Caledonia, no le resultaba muy difícil recordar la técnica surcando aquel océano tan tranquilo.

El consejo se reunía en un edificio alto y de forma circular de la zona central de la ciudad. Aunque Goshi había advertido de la urgencia de la reunión, dos guardias de la milicia ciudadana les hicieron esperar un rato a la entrada del edificio, sobre una plataforma descubierta. Mientras disimulaba oteando las astronaves aterrizar y despegar en las azoteas, Eclipse echó un rápido vistazo a los centinelas. Llevaban armadura ligera de piel en las zonas vitales, desigual entre ambos pero con los mismos materiales y tonos azulados; el emblema de la Isla en un broche de confección tosca en el hombr, y ropa muy ligera debajo; también unas sandalias y capa corta. Un turbante les cubría la cabeza y parte del rostro. Ambos llevaban pistolas de energía colgando del cinturón, cuchillos con empuñadura de molusco y unas varas cortas en la mano. Al capitán no le hacía gracia no ir armado si la cosa se torcía, pero al igual que en los reinos, en algunos mundos de la frontera era ilegal llevar pistola por la calle. En general se sentía incómodo y como pez fuera del agua en las ciudades, sin el familiar ambiente de una nave espacial a su alrededor y varios años luz entre él y la civilización . Un sonido de campanillas interrumpió sus pensamientos, y los guardias se apartaron de la puerta. Goshi cruzó entre ellos y él la siguió de cerca.

- Al fin se ha reunido el consejo. Cada miembro viene de distintos extremos de la ciudad, por eso han tardado- explicó ella mientras descendían por una escalera de piedra.

Cruzaron un pasillo estrecho y salieron a la parte baja de una sala circular, que ascendía en escalones, también curvados, desde el centro. El techo era una carpa de tela y madera, que protegía del sol pero dejaba pasar la brisa marina. Otros dos guardias estaban colocados a los lados de la puerta por la que habían entrado. Sentados en los distintos escalones, de manera desordenada, estaban once de los doce miembros del consejo, del cual también Goshi formaba parte. Aunque a Eclipse no le interesaba demasiado el funcionamiento político de las ciudades, sabía que en la frontera primaban los consejos formados por ciudadanos relevantes, normalmente comerciantes o gente con cierta influencia en la ciudad, que a su vez velaban por el correcto funcionamiento de la misma y accedían al puesto a través de buenas obras en beneficio de la colectividad. Unos se ocupaban del comercio e impuestos, otros de ejecutar la ley, otros de la milicia y la defensa. Cada decisión era tomada por medio de una votación entre iguales. Esta forma de gobierno autorregulado no tenía mucho que ver con la ley del más fuerte de los mundos de la Periferia ni con las monarquías centrales, pero su carácter flexible hacía que los planetas de la frontera, como la Isla o Tobaga, sobreviviesen entre los dos tipos de escenario e incluso sirviesen como filtro, y lugar de intercambio, entre ambos. De cualquier modo, el capitán, como pirata fuera la ley, tenía la natural sensación de haber entrado en la boca del lobo, y no veía el momento de salir de allí.

Finalmente un hombre delgado y de mediana edad, de cabeza afeitada, piel marrón y ropas caras, se levantó en su grada y se dirigió hacia ellos desde las alturas.

- ¿A qué se debe tanta urgencia, Goshi? ¿Qué nuevas son tan importantes como para reunirnos cinco días antes de la siguiente asamblea?
- La seguridad de toda la ciudad, Manius. Tengo información fiable acerca de un asalto corsario en el planeta Xarris. Siendo un mundo tan cercano deberíamos considerar la posibilidad de un ataque a corto plazo. Además los bandidos podrían formar parte de los caníbales de Tenma - explicó Goshi.

Al segundo varios susurros de preocupación inundaron la sala. Sin embargo una voz se elevó entre la multitud.

- ¿Y de dónde proviene esa información fiable? si se puede saber.

Eclipse no distinguió bien la figura en la oscuridad, pero Goshi no necesitó verla para reconocerla.
- Por supuesto, Yano; mi acompañante, Ardos - dijo señalando a Eclipse- iba en viaje comercial a Xarris y salió vivo de milagro al llegar al sistema cuando se producía el ataque. He comprobado las lecturas de los sensores de su nave y no miente.
- ¿Y desde cuando la piratería es lo mismo que el comercio, o la palabra de un pirata es de fiar?- replicó Yano desde las gradas acercándose al borde.

Eclipse identificó entonces a un hombre orondo, y de piel anaranjada, vestido con una túnica granate ribeteada con motivos dorados. Llevaba la cabeza afeitada y anillos de oro en los dedos. El pirata reaccionó sorprendido y miró hacia Goshi encogiéndose de hombros.
- ¿Pirata? Me confunde con otro hombre. Soy un comerciante de Artea III y mi nave es una...
- Su nave es un yate ilegalmente modificado, rojo y con llamas pintadas en la proa- explicó Yano señalándole con el dedo y elevando la voz para que todos los miembros del consejo le escuchasen con claridad. Y lo sé porque hace un año su tripulación asaltó mi convoy no muy lejos de aquí, llevándose parte de las mercancías. ¿No es así, Capitán Eclipse?- empezó a formarse un revuelo en gradas, y todos miraban hacia Goshi y a su escandalizado acompañante

- ¿ Eclipse? ¡ Es la primera vez que escucho ese nombre! Y mi nave no es como la que usted describe. ¡Pueden ir ahora mismo al taller de Goshi a comprobarlo! No tengo nada que ocultar – dijo alzando las manos.
- Una nave se puede cambiar, pero, si usted es quien dice ser, no llevará tatuado un eclipse en el hombro izquierdo ¿verdad? ¡Guardias!

Los dos milicianos se acercaron hacia él por los lados y, antes de que pudiese reaccionar uno de ellos le inmovilizó desde la derecha y el otro le agarró la manga izquierda y desgarró la tela de la camisa dejando a la vista el brazo desnudo....y tatuado. Al segundo, los pocos miembros del consejo que aún no se habían incorporado lo hicieron al grito de ¡pirata !

- ¡Pero esto no es un eclipse!- explicó el bucanero mirándose el hombro- ¡ Se ve perfectamente que es una estrella negra!

Goshi lo miro sin creer lo que escuchaba y puso los ojos en blanco.


1 Negus: vino con agua, azúcar y especias.


2 Cinco Tormentas, Las: Son zonas La Expansión caracterizadas por su elevada peligrosidad para el vuelo espacial. Sobre todo nebulosas, cúmulos estelares y otros lugares de casi imposible navegación y cuyo tránsito ha supuesto la peridida de numerosas astronaves y tripulaciones a lo largo de las centurias. Algunos pilotos espaciales consideran el hecho de cruzarlas como un acto de gran pericia y valor, y suelen ponerse un pendiente en la oreja cada vez que superan tamaño reto con éxito.

¿Qué decidirá el Capitán Eclipse? elige una opción! ________________________________________________________
Opción A: Está bien, lo mejor es entregarse diciendo que abandonó la vida de pirata para ser comerciante hace meses, y afirmando que Goshi no era consciente de este dato. Después esperar a que Reed aparezca y trate de liberarle con la ayuda de Goshi, si se le pasa el enfado a ella, claro.
Opción B: Tratar de salir del paso inventándose algo. Al fin y al cabo; es solo un tatuaje y las lecturas de los sensores de la Charlotte, una nave sin armas, siguen siendo reales y juegan a su favor.
Opción C: Vale. No tiene sentido negar la evidencia. Lo mejor es abrirse paso a golpes y huir mientras está a tiempo. Con un poco de suerte podría llegar a los niveles inferiores y ocultarse sin que le cojan. Ya ha salido airoso de situaciones similares.

¿Quieres saber que hizo el Capìtán Eclipse? lee el capítulo 4...

¿Quieres saber más sobre este universo?______________________________________________________________

Capitán
Eclipse

Reed
(NUEVO)

Xarris
(NUEVO)
Caledonia Mapa
estelar

YA A LA VENTA! Los Anillos de Beta Hidry ________________________

"Año 1492 de la Paz de los Mensajeros. Un adolescente de un mundo remoto de La Periferia, se enrola en la nave pirata Karina y vive emocionantes aventuras. Una historia con nuevos personajes, que no salen en los cómics, situada varios años antes en el tiempo. Ideal para iniciarse en este universo...."

Primer relato ambientado en el universo de Las aventuras del Capitán Eclipse.

5 € (envío ordinario a España está incluido, envío internacional)
El libreto en tamaño A5, 40 páginas 80 gr. Portada doble a todo color + 5 ilustraciones interiores en grises.




YA A LA VENTA! Capitán Eclipse - Rescate en la Periferia
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" Año 1512 de la Paz de los Mensajeros. El Capitán Eclipse y su tripulación, a bordo de la nave pirata Divine, asaltan un carguero en el reino de Caledonia. Mientras tanto, en el mismo sistema estelar, la Reina Idonia trata de evitar, en secreto, una desastrosa crisis política..."

68 páginas a todo color 15 € (envío ordinario a España está incluido, envío internacional)

Capitán Eclipse -Las Hijas del Cometa ________________________

" Año 1508 de la Paz de los Mensajeros. En el alejado sistema estelar de Chakkara, las Hijas del Cometa se preparan para realizar sus ofrendas en un ritual centenario, pero unos invitados no deseados entran en escena..."

Historia corta de 6 páginas para la revista de cómic, Ensueños.

tags: Capitán Eclipse, Piratas, Charlotte, Caledonia.